lunes, 28 de octubre de 2013

" Sobras", de Maite Dono, por Agustín Calvo Galán.















Sobras
Maite Dono
El Gaviero ediciones, 2013




He aquí los restos calcinados del futuro. Así acaba Sobras de la polifacética Maite Dono, con la rotundidad de quien se sabe ajena a la centralidad o al poder o a las convicciones y las esperanzas de la mayoría; con la rotundidad de quien no tiene nada que perder y prefiere explorar, descubrir, explotar, romper, abrir y recorrer su extrañeza, su propio camino, su entraña.
Sobras es también un libro amplificador, un libro que suena y crece cuando lo agitas, un libro que se lee tal y como la autora quiere que sea leído: de una forma casi automática, sin freno, haciendo resonar en nuestro cerebro o en nuestras tripas el cruce de muchas voces, la unión de infinidad de historias fragmentarias que la autora reúne y hace suyas de una manera natural; como naturales resultan aquí las repeticiones, la insistencia, las onomatopeyas, los ruidos de la ciudad que se van colando en los versos, no entre los versos, sino convirtiéndose en los versos; también en los espacios en blanco que la autora deja, repitiendo la frase:

(Quede un espacio en blanco aquí para lo que se quiera)

Espacios no para vaciar, no para dejar un ámbito limpio, no para descansar, sino para implicar al lector, como interpelación, como asalto. Espacios que a veces se convierten en puntos suspensivos: versos puntos suspensivos, versos con la palabra silencio en diferentes idiomas ocupando las páginas.
Es cierto, transitan por Sobras los ecos de otras voces, como la de Duras, como la de Pavese:

A veces llega la noche y un grito
A veces llega la noche y me acuerdo

Pavese sin duda, porque la muerte está muy presente en el libro. La muerte y la emoción, el amor por todo aquello que nos aniquila y nos disuelve, el cuerpo animal que aprende a hablar y a escribir para, al fin, gritarle a la vulgaridad, a lo prosaico de vivir, de vivir y morir, sin más.
Los poemas de Sobras ocupan las páginas como un ejército invade un país, de una manera arrolladora e hiriente, sin concesiones, extirpando del papel cualquier atisbo de resistencia o de complacencia. Los poemas de Sobras ocupan las páginas como los vertederos de basura arrasan la naturaleza, en las fronteras de la civilización urbana, fagocitando la belleza maquillada y abonando los campos con la concupiscencia de lo indeseado.
También el idioma es violentado en Sobras, la autora le introduce términos y frases en inglés, francés, gallego o portugués, lo invade de su propia jerga, del virus que la tiene a ella infectada, y convierte el idioma español en materia sensible para ser ella misma en él, auténtica y bastarda.
Amor, muerte, resistencia, Sobras explica un presente sin posibilidad de futuro, pero no desde la desesperación, sino desde la rabia más entera y creativa, desde la rabia que es jaula en la que encerrarse y crecer sin límites, desde la rabia que es frontera para la locura:

Con mis botas soy Juana de Arco o Juana la Loca

Siempre en la convivencia entre lo sano y lo insano, en la reverberación que producen las palabras, los versos, los poemas frente a la representación del mundo al desvelar el silencio y alimentarse de él. La resistencia de Sobras consiste, además, en hacer de la enfermedad materia de uno mismo, crisis y transformación de uno mismo, vómito y anhelo de unos mismo, genialidad y destrucción de uno mismo:

Lo que amo demasiado no manifiesta su existencia

No, Maite Dono no sobra, ni su poesía está hecha de sobras. Maite Dono une en un gesto sensato y rotundo cultura basura y transcendencia, y deslumbrará y turbará con este Sobras a quien se atreva a adentrarse en su mirada de fondo, en su presencia febril y desvergonzada, en su manera de ser dueña de sí misma, en su manera de vaciarse y amar, en su poesía sucia, actual y entregada.